Cainitas

DAVID DÍEZ LLAMAS – SOCIÓLOGO

tribuna diario de león

EL ESCRITOR DAVID DÍEZ LLAMAS 

Los leoneses somos tan cainitas que hasta tenemos un pueblo que se denomina Caín. Pero claro, los nacidos en Caín son cainejos y, por supuesto, no tienen por qué ser cainitas.

Recientemente en la presentación de mi último libro alguien me preguntaba qué se puede hacer para alcanzar un mayor reconocimiento de la identidad leonesa en el marco político de España. Era una pregunta con la suficiente trascendencia como que pudiera ser contestada en aquel momento. Por ello tuve la sensación de que la había dejado sin contestar. Este artículo pretende iniciar la contestación a esa pregunta (tan compleja).

Para empezar, habrá que buscar que podemos ir haciendo cada uno de nosotros. Hay que evitar el desplazar las responsabilidades hacia aquellos «otros» que no han obrado como a nosotros nos hubiera gustado. En democracia podemos decir que el votante siempre tiene razón con independencia de lo que pudiera ser el sentido de su voto. Otra cosa es que podamos establecer discrepancias con lo que hayan votado.

En mi opinión en el mundo leonés y leonesista somos excesivamente cainitas. Nos devoramos a nosotros mismos. Los enconamientos mayores se producen entre personas que comparten objetivos finales. Si alguien no coincide con nuestros propios planteamientos en algún tema determinado puede ser vituperado inmediatamente como traidor.

Se da la paradoja de cuando alguien expresa unos contenidos que son coincidentes con los de su «adversario» se le crítica no tanto por lo que ha dicho sino simplemente por «atreverse a decirlo».

Vamos se le niega el derecho a expresar libremente sus ideas aun cuando estas no difieran básicamente de las propias.

Diría que esto no es algo aislado y que es un comportamiento bastante habitual. Es como si en un equipo deportivo, la lucha se estableciese con tu compañero en lugar de hacerlo con el equipo contrario. Así es complicado ganar a nada.

Diría que el pegamento que da cohesión a un grupo es «el respeto». No es necesario coincidir en todos los planteamientos.

Hay que abandonar los personalismos para favorecer marcos de unidad de acción. La unidad hay que fraguarla desde el respeto a la diversidad.

El cainismo fomenta la fragmentación y la dispersión de esfuerzos. Ello paraliza cualquier tipo de avance social. Todo ello será un buen motivo de disfrute para los que desean que la situación no cambie. Podrán decir que «se den palos» entre ellos mientras «nosotros miramos los toros desde la barrera».

Se necesitan liderazgos que consigan la suficiente capacidad de aglutinar a sensibilidades diferentes. Para ello también será necesario conceder más importancia a aquellos que nos une, respecto de otras cuestiones que nos puedan separar. Definir lo que es prioritario y distinguirlo de otras cuestiones.

Unidad no es sinónimo de uniformidad. Siempre he defendido el concepto de «unidad en la pluralidad» que precisamente tiene unos magníficos cauces de expresión tanto en el Regnum Imperium Leonés como en los desfiles de pendones. La agrupación bajo un mismo pendón no implica unidad de pensamiento, sino es más bien lo contrario.

Todos son «pueblo» en su mejor expresión, todos los pendones son distintos, pero a todos les identifica el tronco común leonés. Ese sería un magnífico ejemplo de unidad.

En el camino a abandonar el cainismo diría que otro concepto importante es el del valor de utilidad que se da a esa unidad como modo de alcanzar unos determinados objetivos. Si se tiene confianza en lograrlos ello permitirá que se prioricen frente a lo que son las propias luchas internas.

Creo que puede ser clave el que se vea una salida a esta situación que se va degradando cada vez más. Algunos diríamos que apuestan por permanecer en «este valle de lágrimas». El que se visualice que la unidad lleva a mejorar la perspectiva social y económica de los leoneses, puede ser clave.

Este cainismo lleva a que se creen multitud de asociaciones que pueden tener objetivos muy similares o directamente idénticos. Así tenemos continuas divisiones que van desde el color de la bandera, a debatir si el rabo del león en el escudo es para arriba o para abajo o la caracterización del idioma. Como las luchas fratricidas son especialmente sangrientas pues tenemos grandes enconamientos por buscar que en ese debate se imponga la visión de cada uno.

Todo ello se ve también favorecido por una falta de institucionalización en esos debates. Así mientras unos gastan muchos millones de euros en anular nuestra identidad, los otros se «entretienen» en devorar a lo que es su oponente leonesista en esa división.

Esas luchas vienen a ser «eternas» ya que no hay nadie con el suficiente consenso y prestigio que dictamine un supuesto «ganador». Podríamos decir que desde las propias instituciones autonómicas se fomenta que se mantengan estas disputas.

En definitiva, una de las cuestiones para avanzar es conseguir una mayor unidad y abandonar las posturas cainitas. El cemento para lograrlo será el respeto, el dar valor de utilidad a esa unidad y la confianza en alcanzar las metas que se persiguen.

jueves, 18 julio 2019 por