Manifiesto Político aprobado por UPL en su último Congreso

MANIFIESTO POLITICO : Por una autonomía para el PAÍS LEONÉS

I.- Antecedentes Históricos.

El antiguo Reino de León fue una espléndida realidad y marcó profundamente la historia de España. Es como sabemos, en el año 910 en el que León se constituye como centro político administrativo de un amplio territorio que se extiende hacia el sur hasta su unión con la corona de Castilla en la persona de Fernando III el Santo.

Su personalidad y protagonismo en la configuración de España como nación de pueblos diferenciados, está fuera de toda duda.

A pesar de la unión del reino de León y Castilla bajo una misma corona, ambos reinos mantuvieron una afinidad diferenciada.

Aunque los dos reinos tuviesen el mismo rey, las Cortes de León como tales, continuaron durante mucho tiempo; incluso se legislaba de forma autónoma para cada uno de los dos reinos, aunque hubiese reuniones conjuntas. Cabe recordar que incluso en 1349 Alfonso XI celebró en León sesión de las Cortes del Reino de León. Durante muchos años ambos reinos siguieron teniendo su propia personalidad y normativa propia (Fueros de León, Fuero Viejo de Castilla, etc.)

Es un hecho histórico que durante todo el siglo XIV se dieron varios intentos de independizar el reino de León del de Castilla, lográndolo de hecho, aunque por un escaso tiempo.

El reino de León conservó sus estructuras durante la Edad Moderna, permaneciendo su propia organización territorial, lo que se reflejará en los mapas de los siglos XVI,XVII y XVIII e instituciones genuinas, como el Merino Mayor del Reino de León, el Defensor del Reino de León, etc. Incluso como hecho histórico que recuerda la vigencia y trascendencia de este reino, en el año de 1582 el rey de España Felipe II, con motivo de la colonización del norte de la Nueva España (América), decretó la creación de un Reino, al que llamaría, Nuevo Reino de León, en honor al antiguo Reino de León de España.

La última aparición con propia personalidad del Reino de León en la historia se produce entre el 1 de junio y el 25 de septiembre de 1808, cuando la Junta Patriótica de León asume la soberanía del Reino de León en la Guerra de la Independencia hasta que la cede a la Junta Suprema Central con motivo de su constitución.

En 1833 se produce la definitiva (vigente en la actualidad) división provincial promovida por Javier de Burgos, que elimina definitivamente anteriores divisiones territoriales. Con la creación de las provincias se incluye una adscripción de las mismas a regiones, sin ningún tipo de competencia administrativa o de otro tipo. Una de dichas regiones es la de León. En dicho decreto se expresa la “integración de las provincias de León, Salamanca y Zamora en el Reino de León”.

2.- Proceso Autonómico

Con la desaparición de la dictadura y la llegada del actual régimen democrático, se elabora una Constitución que establece la descentralización Político_Administrativa del Estado Español.

Para el País Leonés o Antiguo Reino de León fue un hecho aciago en la configuración de lo que luego sería conocido como Castilla y León; la deslealtad de los grandes partidos del momento UCD y PSOE, acompañados por el entonces PCE, para nada tuvieron en cuenta la fidelidad histórica ni el sentimiento del pueblo leonés; simplemente forzaron (y a veces manipularon), los acuerdos de los municipios y de la propia diputación provincial leonesa, para llegar a un resultado en franca contradicción con la historia y las identidades de los pueblos que la protagonizaron.

Hoy tiene más vigencia que nunca el artículo de Anselmo Carretero, autor entre otros del libro «El antiguo Reino de León (País Leonés): sus raíces históricas, su presente, su porvenir nacional», quien ya en el año 1982 describe su visión de la “región” que falazmente se pretendía de Castilla y León y cuyo contenido en esencia hacemos nuestro:

“LA IMPRESCINDIBLE RECONSIDERACIÓN DEL PROCESO AUTONOMICO EN LEON Y CASTILLA”

La articulación del Estado español en un conjunto de comunidades autónomas es una grave cuestión que afecta a la sustancia nacional, a la identidad de cada región o pueblo y a la fortaleza del Estado mismo.

Parecía elemental, por eso, por la trascendencia del asunto, que el tema se hubiera tratado con la seriedad y gravedad necesarias, con el debido estudio, reflexión y prudencia, sin apresuramiento alguno, y con participación informada y activa de las provincias interesadas.

Lejos de hacerlo así, hemos asistido a una ceremonia escasamente racional, a la distribución apriorístico del territorio nacional -por decisión de los partidos políticos hegemónicos- en espacios preconcebidos para ubicar a las comunidades autónomas: a un tratamiento autoritario y centralista de la cuestión, en base a intereses y prejuicios partidistas, y, en suma, a una acumulación de errores de tal envergadura que han llegado a comprometer gravemente la propia estabilidad del sistema democrático.

Porque, efectivamente, se ha dado lugar así, por el mimetismo y la prisa, artificiosamente y sin necesidad alguna, a uno de los más graves y crispadores problemas que tiene planteados España: el de las autonomías.

Las anteriores reflexiones cobran singular relieve en el caso de la entidad llamada la camisa de fuerza de «Castilla-León».

Porque, no nos cansaremos de pregonarlo, «Castilla-León» es una región artificiosa, una invención centralista en la que varias provincias de Castilla la Vieja han sido agregadas, sin pedirles parecer, a las del reino de León, bajo la definición de la supuesta unidad de la «Cuenca del Duero».

Así se mezclan y confunden arbitrariamente dos regiones, la leonesa y la castellana, en una extraño amalgama que perjudica a ambos pueblos, leonés y castellano, ya que tiende a disolver la Identidad de cada uno y dificulta el despertar de su respectiva conciencia regional.

Este hecho es sumamente grave, en especial desde el punto de vista de] Interés superior de España. Ante las tendencias secesionistas que se acusan en algunas regiones de la periferia, con invocación de los factores históricos y culturales de su personalidad colectiva, valoramos como una gravísima equivocación la de no haber favorecido, sino por el contrario, impedido de hecho, el reconocimiento y desarrollo de dos Identidades populares, históricas y culturales tan importantes como las de las regiones y pueblos de León y de Castilla, precisamente por la alta e irrevocable vocación española de las mismas.

Para una articulación armónica de España, estimamos absolutamente fundamental que León y Castilla -que son dos identidades históricas y culturales- reciban en el centro de la Península, y como piezas claves para la aglutinación institucional de la Nación española, el mismo tratamiento definitorio que, por ejemplo, Cataluña y el País Vasco. Si estas comunidades autónomas se definen sustancialmente – conforme al artículo 143 de la Constitución- por las características históricas y culturales comunes, es necesaria la misma regla para las dos regiones históricas de León y de Castilla, que siempre contribuirán a la mejor cristalización de España, por lo que conviene y se necesita la mayor potenciación posible de su personalidad y prestigio, y no dejarlas reducidas a meras circunscripciones político-administrativos, de nueva invención y sin autenticidad alguna, manteniendo -en perjuicio de España- un desequilibrio de personalidad respecto de las comunidades periféricas y ofreciéndolos torpemente el maniqueo, supuestamente centralista y opresor, que algunos necesitan.

Es evidente que León y Castilla son dos regiones históricas, cada una con su propia Individualidad, y que tradicionalmente, a todos los efectos legales, oficiales, administrativos, culturales, etc., se ha reconocido siempre como un hecho natural la existencia de esas dos regiones, hasta que en nuestros días arbitrariamente han sido fusionadas en ese ente mestizo o híbrido de «Castilla-León».
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Por todas esas razones, en esta hora singular de España, en nombre de las exigencias de la verdad, de la ética, de la libertad y de la Constitución, pedimos a los nuevos gobernantes, a quienes deseamos los mayores aciertos en su empresa, en bien del pueblo español que, en tan grave asunto, antes de consumar la aprobación del Estatuto de la comunidad autónoma de «Castilla y León», que daría lugar a un ente ficticio y permanentemente contestado, se abra un paréntesis de prudencia, un tiempo de reflexión, de sosiego y estudio, de participación efectiva de las provincias interesadas, en orden a la más correcta conformación institucional de los pueblos de León y de Castilla.”

Hoy, en año 2013, las palabras transcritas tienen plena vigencia: Hay regiones periféricas que pretenden independizarse de España y constituirse en estados independientes falseando su pasado y en contraste, otras, como la región leonesa a quien se pretende borrar de un plumazo ignorando su palmaria e incontestable realidad histórica.

Nuestra posición como partido, concuerda fielmente con lo expresado con tanta lucidez por Anselmo Carretero en los párrafos transcritos.

3.- Situación Actual

Hoy, Castilla y León constituye un ente ajeno al sentir de los leoneses, a pesar de los años transcurridos. Una entidad configurada por el País Leonés forzado a convivir en un maridaje extraño con agregados y mutilaciones de la vieja Castilla.

La vida en común de estos últimos treinta años se resume en una progresiva regresión económica, social y cultural del País Leonés, colonizado de forma inmisericorde por el ramplón y feroz centralismo vallisoletano. En el Pais Leonés, el rechazo a lo castellano como elemento colonizador, no solo no ha desaparecido a pesar de los intentos del nuevo poder autonómico que pone esfuerzos y gasta millones de euros en el intento, sino que permanece más vivo que nunca y renace como el ave fénix de sus pretendidas cenizas.

No son demagógicas palabras: Los datos demográficos, económicos, etc. de estos años de forzada convivencia son de una brutal y meridiana claridad.

Con independencia de identidades y sentimientos (que existen) y que nos permiten decir sin complejos que León no es Castilla (ni nunca lo fue), la realidad es que el País Leonés en su conjunto nada gana (las pruebas son claras), con este engendro de autonomía que nos toca soportar.

Flaco negocio ha hecho el País Leonés con el estado de las autonomías consagrado por la constitución española del 78; se nos ha “liberado” del centralismo de Madrid, tradicional y con cierto estilo, para subyugarnos con el centralismo ramplón y pueblerino de nuevo cuño que ejerce la ciudad de Valladolid y su entorno. De la “autonomía” provincial permitida por el centralismo madrileño, hemos pasado al sojuzgamiento más brutal del nuevo centralismo, que en contradicción con el espíritu constitucional, aleja hasta límites insospechados la administración de los ciudadanos; la última muestra, la pretensión de suprimir las Audiencias Provinciales y el traspaso de sus servicios a la ciudad de Valladolid. Todo ello explica el desarrollo demográfico y económico de Valladolid en contradicción con lo que ha ocurrido y está ocurriendo en las provincias del País Leonés.

Este sistema desde la óptica del País Leonés no nos sirve: Ni sirve a los territorios, ni a los ciudadanos, ni a nuestras tradiciones y cultura, ni respeta nuestra historia …Por ello, debemos luchar por cambiar esta situación : porque en la historia de los pueblos nada está cerrado ni es inmutable, máxime si tenemos el convencimiento de que se ha cometido una inmensa injusticia con el País Leonés que hay que corregir.

4.- Proyecto Definitorio

A la vista de lo anterior ¿Qué autonomía proponemos? La respuesta es clara: La del País Leonés, hoy entendido como constituido por las actuales provincias de Zamora, León y Salamanca.

Nuestra autonomía ha de basarse en el respeto a la variedad y pluralidad de los territorios que lo componen; en el protagonismo colectivo de las provincias y Comarcas; en el fortalecimiento del sentimiento común de formar parte de una región con una historia compartida, con una cultura, con una lengua …

Un principio fundamental ha de ser la participación en la gestión político-administrativa de las tres provincias que la componen en condiciones de igualdad sin protagonismos centralistas y/o excluyentes de ninguna de ellas, de tal forma que todas se sientan hacedoras por igual, de un proyecto colectivo; ello implica huir de cualquier centralismo innecesario y poner en práctica el principio de la descentralización de los tres poderes regionales entre todas las provincias que la componen.

Igualmente consideramos de especial interés la participación de las Comarcas en la gestión político-administrativa dando configuración jurídica a las mismas dotándolas de competencias propias o delegadas de otras instituciones. A tal efecto, caben destacar muy especialmente la Comarca del Bierzo y la de Astorga_La Bañeza en León, Comarca de Benavente y Comarca de Toro en Zamora o la de Sierra de Béjar y Ciudad Rodrigo, en Salamanca.

A diferencia de lo que ocurre actualmente, pretendemos la defensa a ultranza de nuestras instituciones más genuinas que tienen especial relevancia en el País Leonés y cuya existencia actualmente se ve amenazada, como son las entidades locales menores, pedanías o concejos. Instituciones que tienen especial arraigo en las provincias de León y Zamora y también tienen presencia (aunque menor), en Salamanca. Con tal finalidad, se elaborará una legislación específica que regule dichas entidades respetando su singularidad; se arbitrarán medidas de asesoramiento y apoyo suficiente que garanticen un funcionamiento eficaz y una gestión transparente de las mismas en beneficio de los vecinos

La defensa y promoción de nuestras tradiciones y culturas, hoy absolutamente ninguneadas por el actual poder autonómico, al igual que la potenciación y enseñanza de la lengua leonesa serán elementos definitorios de nuestra orientación política a la vez que seña de identidad del País Leonés. A tal efecto, habría que establecer como asignatura con carácter de optativa, la enseñanza de la lengua leonesa en los centros de enseñanza de primaria y Secundaria.

5.- Perspectivas y actitudes

El futuro no es cosa ni de un día ni de un año; el futuro no está escrito y corresponde hacerlo a los pueblos conscientes de su propia identidad.

Nuestra tarea ha de basarse en la constancia, en el convencimiento de defender lo correcto, en sentirse orgulloso de lo propio sin despreciar lo ajeno, en la seguridad de que sino nosotros, nuestros hijos o nuestros nietos consigan los objetivos por los que ahora luchamos.

Es evidente que el actual sistema autonómico (al menos en lo que respecta a la autonomía que nos toca soportar), está resultando un fiasco: La administración no se ha acercado al ciudadano sino todo lo contrario; se han centralizado los servicios en la capital autonómica con verdadero entusiasmo, que antes del sistema autonómico estaban descentralizados en las provincias; se pisotea la historia, la cultura, las tradiciones y la lengua del País Leonés; en definitiva, se desprecia y ningunea lo leonés en un intento por absorberlo y confundirlo en lo castellano.

A pesar del tiempo transcurrido la sensación de ahogo y malestar por la pertenencia a un entre extraño a lo leonés, no ha desaparecido en un alto porcentaje de la población. Es un dato que debemos resaltar: El sentimiento leonesista está tan vivo como hace treinta años quizá a la espera de que alguien lo canalice con seriedad y solvencia.

Hemos de reconocer que nuestro comportamiento como organización política, en muchos momentos, ha sido lamentable; las divisiones, las luchas personales injustificables, las traiciones institucionales (sobre todo en el Ayuntamiento de León y en las Cortes Autonómicas por su mayor relevancia), la fragmentación del sentimiento leonés en grupúsculos leonesistas generados por luchas intestinas, el exceso de personalismo en determinados momentos, la apatía, la falta de entusiasmo de nuestros dirigentes y un largo ecetera, han dejado un sabor amargo en los leonesistas sinceros; la consecuencia de todo ello, ha sido la pérdida de peso electoral del leonesismo y del partido leonesista más representativo : la UPL.

Para corregir errores, antes debemos reconocer haberlos cometido; nuestra actitud como colectivo leonesista militante debe salir reforzado; debemos convencernos que el futuro está en nuestras manos y debemos luchar para llegar a la meta deseada que no es otra que la configuración y reconocimiento de la Región Leonesa dentro de la nación española; para ello, la UPL como organización debe buscar la colaboración leal con otras fuerzas afines y abriendo sus puertas a quienes, de buena voluntad, se fueron desilusionados. La recuperación de la ilusión colectiva del leonesismo debe ser un objetivo prioritario, buscando la unidad en torno a la UPL.

A corto y medio plazo, como organización leonesista debemos trabajar por conformar la Academia de la Lengua Leonesa al objeto de potenciar el conocimiento y difusión de la lengua leonesa; igualmente es de todo punto necesario, la creación de una Fundación Cultural para la promoción y defensa del sentimiento, historia, tradiciones y cultura del País Leonés.

En conclusión, reafirmamos que el futuro de nuestra tierra está en nuestras manos.

lunes, 18 noviembre 2013 por