Filomena a su pesar

Filomena a su pesar

Ver a políticos armados de palas, una escena muy común en nuestro entorno, la diferencia es que mientras unos lo hacen por postureo grabados por asesores, en Riaño, Cabrillanes o Villablino, nadie graba, por la familiaridad de la escena

LUIS MARIANO SANTOS REYERO – OPINIÓN – LEONOTICIAS

Estos días están las redes que echan fuego por los efectos de la tormenta Filomena, una tormenta que, a pesar de ser anunciada con inusitada antelación, ha vuelto a coger despistada a la inmensa mayoría de administraciones. Y curiosamente no es esa imprecisión la que marca el carácter de muchos post y tweets, no es que las redes estén dilucidando quién ha sido menos efectivo, si las administraciones autonómicas, si las centrales o si… La realidad es que a nivel cercano lo que llama la atención es la dimensión informativa de un fenómeno que se suele dar en esta tierra la mayoría de los inviernos con la misma agresividad. Sin embargo la costumbre no resta gravedad a los hechos. Y es que muy a su pesar se han encontrado con Filomena y su crudeza, con la nieve y sus complicaciones, y pese a estar avisados no han podido con el imponente manto blanco de una señora a la que hay que tener respeto.

Y es verdad, que no es lo mismo, no podemos comparar el efecto devastador que plantea una nevada como esta en un entorno urbano tan inmenso como es Madrid, el efecto sobre las comunicaciones sobre la movilidad y sobre la vida diaria siempre es mayor por aquello del tamaño. Reconociendo ese extremo, resulta, cuanto menos cómico y extraño, para los leoneses ver a políticos armados de palas, una escena muy común en nuestro entorno, la diferencia es que mientras unos lo hacen por postureo grabados por asesores, en Riaño, Cabrillanes o Villablino, nadie graba, por la familiaridad de la escena.

He visto intensos debates, sobre las acusaciones de fobia a Madrid, acusaciones que provienen de la sorpresa del bombardeo informativo centralista sobre los efectos adversos de «Filo», insisto, advertidos 7 días antes, y quizás nos pasemos en esa crítica al exceso de información, pero si sirve de excusa es muy difícil abstraerse a tanta noticia por el efecto de una nevada que en dimensiones parecidas hemos sufrido y sufrimos con relativa asiduidad en esta tierra. Y permítanme pedir perdón de forma general si alguien se siente ofendido pero en esta tierra donde vemos bajar a Julián y su familia en esquís del refugio de Vegabaño, donde ves cómo Emilio y los suyos dan gracias por abrir días después los accesos en La Cueta, cuando lees a David en Posada protestar por la situación de Valdeón, cuando ves la tragedia de san Isidro, cuando observas las fotos de Floro el de Olleros subido en su camión quitanieves, te preguntas si es justo que estas historias no tengan repercusión informativa y hayamos visto hasta la saciedad la pose del señor Aguado con pala en mano y con ropa de domingo (que diría mi madre).

En fin, quizás seamos un poco duros con los chicos de la capital, cierto es que la falta de costumbre hace más difícil la reacción, cierto es que no se puede comparar la dimensión de una ciudad como Madrid con cualquier otro lugar, las miles de calles, es verdad que las administraciones por ser un fenómeno menos común tampoco están tan preparadas como en la «periferia», pero también es verdad y que sirva como descargo que el abuso de información centralista acarrea rechazo, a pesar del reconocimiento de una realidad complicada. Eso sí, lo que ya no tiene un pase es que se discuta sobre la necesidad de declarar zona catastrófica, por supuesto que si, eso abrirá la puerta a que Riaño, La Cueta, Sajambre, Valdeón, Laciana, Villamanín… también lo tengan, y además será estupendo porque en las montañas de León podremos conseguir que todos los años sea declarada zona catastrófica por nevadas. Cómo no se nos habría ocurrido a nosotros.



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