Castilla y León, la conjunción errada

Castilla y León, la conjunción errada

EL DÍA DE ZAMORA

Mª Soledad Martín Turiño

Aunque se diga lo contrario, solemos sentir predilección por alguien concreto, ya sea en las familias, un estudiante especial en el aula, o un amigo concreto que sobresale de entre los demás en el baremo de nuestros afectos.

Del mismo modo, en cuanto a las ciudades que componen España siempre ha habido algunas beneficiadas y otras que son deliberadamente ignoradas, entre estas últimas se encuentra Zamora, una ciudad pequeña, provinciana, cuyos habitantes no protestan, asienten a lo que se les da, se conforman y, tal vez sea a causa de ese silencio, que los poderes públicos y los diferentes gobiernos centrales y autonómicos que han pasado por esta región, la han ignorado. La solución está en conseguir prebendas como hacen otros lugares, ya sea a cambio de chantajes políticos, a cambio de poner en la picota al gobierno central o, sencillamente, a cambio de favorecerle con un puñado de votos, pero nosotros no somos así.

Los zamoranos somos gente callada, pero también orgullosa; no debemos nada a nadie porque lo que tenemos lo hemos conseguido a fuerza de trabajo; hemos servido, pero no somos serviles; somos labradores, pero no ignorantes y somos gente honrada, algo que no es muy frecuente en otras tierras. Conocemos la importancia de los valores y de los principios, por eso no nos vale todo ni estamos a merced de cualquiera. No queremos trato de favor, pero sí que reclamamos lo que es nuestro, lo que en justicia nos corresponde como una ciudad más que forma esa especie de coctelera donde metieron varias provincias.

Un mal día unieron las dos Castillas; la Nueva y la Vieja, después se desligaron algunas provincias, se constituyeron comunidades autónomas y no tuvieron la menor consideración en llamar a nuestra tierra Castilla y León, un “totum revolutum” unido por la conjunción “y”, porque esta comunidad es la única en España que posee un nexo que aparentemente acopla dos comunidades que ni siquiera son reconocidas como tales, de modo que forman una y así se soluciona el problema. Es como si, de pronto, alguien uniera la Región de Murcia y Valencia; por poner un ejemplo, desconsiderando las peculiaridades históricas que posee cada comunidad.

Si repasamos los mapas antiguos, aquellos que estudiábamos de memoria en las escuelas y según la División Territorial de España en 1833:

Castilla la Nueva abarcaba las provincias de Madrid, Toledo, Ciudad Real, Cuenca y Guadalajara. De estas provincias, Madrid ha formado la comunidad autónoma propia que lleva su nombre; y el resto pertenecen en la actualidad a Castilla La Mancha.

Castilla la Vieja: Aunque sus límites variaron a lo largo del tiempo, su territorio se correspondió durante la mayor parte de su existencia con las provincias: Santander, Burgos, Logroño, Soria, Segovia, Ávila, Valladolid y Palencia. De ellas, Santander y Logroño son hoy sendas capitales de las comunidades autónomas de Cantabria y La Rioja respectivamente.

Castilla y León: Adquirió su estatus de comunidad autónoma en 1983 y es el resultado de la unión de nueve provincias: Ávila, Burgos, León, Palencia, Salamanca, Segovia, Soria, Valladolid y Zamora Las capitales provinciales recaen en las ciudades homónimas a sus provincias correspondientes. De estas provincias, tres se adscribieron a la Región de León: León, Zamora y Salamanca; y el resto a Castilla la Vieja, de las que se han desglosado: Santander (actual comunidad de Cantabria) y Logroño (actual La Rioja), permaneciendo Burgos, Soria, Segovia, Ávila, Valladolid y Palencia.

Región de León: En el Real Decreto del 30 de noviembre de 1833, el reino de León fue considerado una región histórica compuesta por las provincias de León, Zamora y Salamanca; sin embargo en 1983, esas tres provincias se incluyeron, como ya mencioné, junto con las seis de la región histórica de Castilla la Vieja para crear así la comunidad autónoma de Castilla y León.

Como se puede comprobar, el reino de León viene avalado por una historia que se remonta a su fundación en el año 910. Somos muchos quienes pensamos que ya es hora de separar lo que una conjunción equívoca unió un día y que Castilla se desligue de León, formando dos comunidades autónomas diferentes. Así lo reclaman voces y organismos autorizados y pueblos que se están sumando por días a esta opción para que Zamora sea leonesa, junto a sus compañeras geográficas León y Salamanca.

Si esto se lograra un día –espero que no muy lejano-, que no teman los gobiernos de turno, porque no habrá ansias de independentismos, ruptura con el resto de comunidades, ni revueltas en las calles. Como antes expuse, somos gente pacífica, nada inclinados a esos excesos que siempre hemos denostado.

Solo queremos lo que, en justicia, es nuestro. Repasen la historia y enmienden lo errado, porque nada hay más perjudicial que aprovecharse de la prudencia de quienes callan, no porque carezcan de argumentos, sino porque son pacientes, pero ¡cuidado! porque tienen memoria y hacen buena la máxima de Descartes: “Es prudente no fiarse por entero de quienes nos han engañado una vez.”



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