Postura política… valiente

Postura política… valiente

Quien toma posición en defensa o petición de algo, lo solicita en alta voz y trata de ratificarlo con sus razones, puede sonarnos mal, considerarlo inconsecuente y lo que queramos; mas, si su postura es sincera, o toma apariencia de ello, no tenemos más remedio que situarle, en principio, en el terreno de lo valiente.

Tal parece que lo antedicho es una perorata para destacar a algún político que nos es cercano. No es así, y luego veremos porqué. Me estoy refiriendo al señor Puente, el vallisoletano, que alto y claro ha dicho que la capitalidad del ente ha de recaer, oficialmente, en la capital que corrige. Reafirma así, de paso, al ente autonómico, algo a tener también en cuenta.

Lo burdo de alguno de sus alegatos, como: «tal cosa no nos produce más que trastornos», tratando de escamotear una apropiación centralista interesada, ¡es algo insostenible!, al punto de enfadarnos a los leoneses, metidos a calzador en un ente que él quiere «capitalizar» en su feudo de gran edil.

Pero hagamos caso omiso de ello, puesto que mi pluma la mueve hoy, bien es verdad que como casi siempre, el sentimiento leonés, para intentar dejar bien señalado que los leoneses: No tenemos voz (lo de valiente para los «nuestros» es una quimera) sino unos políticos afónicos en el consistorio, desde hace un tiempo, y tomo esta referencia por ser la que ostenta el señor Puente que da pie a todo el rifirrafe, pero tampoco, de forma lamentable, en todos otros foros, sobre los que amplío la negación vocera.

Políticos que quieran y sepan dar a entender que «la cuestión leonesa», está ahí. Lo cual es válido para todos, ocupen el escaño que ocupen. Para mayor claridad vamos a dejar dicho qué entiendo por cuestión leonesa, cuando menos: El derecho conculcado territorial e identitario de un pueblo, el leonés, soslayando nuestra legitimidad constitucional a una autonomía propia y diferenciada.

Conviene dejar hecha una salvedad: No estoy incluyendo a los políticos que se intitulan leonesistas, aunque muchos de ellos, y desde el punto de unión, ¡todos!, merezcan bastante más que una regañina. Si bien esta exclusión es transitoria.

Respecto a la afonía política, la he situado en el hoy. Pero existió un momento inicial enmudecedor, cuando Martín Villa nos aherrojo en un ente con Castilla y los socialistas corroboraron el dato. Los ciudadanos, aquí en la ciudad de León, nos manifestamos en contra, con euforia triprovincial en muchas ocasiones, incluso con el «Solos Podemos» de Morano, desembocando en la gran manifestación de mayo de 1984. Pasado su efecto enardecedor, nos hemos vuelto, cuando menos, pasmosamente tolerantes. Por ser en cierto momento excepción, y sin entrar en conjeturas de sus interioridades movilizadoras, para hablar de su comportamiento alzando la voz por lo leonés, en el proceso autonómico, cito a José María Suárez, de AP, conservador y de derechas. Recuerdo su bien intencionada frase: «Entre los leoneses… estoy notando el calor que no he encontrado en las Cortes. Allí estuve solo…». Venía de tratar de parar en el parlamento de la nación el Estatuto de Autonomía que nos amarraba a Castilla, ¡sin conseguirlo! Y se movilizaba reivindicativamente en las calles leonesas junto al pueblo en la manifestación del 29 de marzo de 1983.

También, tiempo atrás, un socialista que se afincó en León, llegó a comprendernos y a participar de nuestros temores autonómicos, aludo a Baldomero Lozano, dio a entender, y así lo manifestaba, que era una imposición intolerable adscribirnos a los leoneses a un ente, que ni queríamos, ni nos convenía. Y mucho menos sin una consulta popular, un referéndum definitorio de nuestra postura y deseo. Dejando claro que «él no había sido elegido por los leoneses para decidir por ellos en tema tan controvertido, y mucho menos sin escuchar la voz del pueblo».

En la actualidad una voz valenciana, de Compromis, se ha elevado en el Senado, en defensa, parcial, como a retazos, según se lo han ido pidiendo «Ciudadanos del Reino de León», nuestra lengua creo que fue lo primero, para que, en su conjunto, se llegue a entender que «la cuestión leonesa» está viva, y alevosamente amordazada políticamente. No es que no tengamos ni diputados ni senadores elegidos en León, es que están mudos; incluidos los emergentes, anulados todos en su propio ser de León. Como de alcaldes iban los comienzos, mejor rematar con ellos. Amilivia, después de firmar el Acuerdo por la Identidad Leonesa, al que no siguió la trayectoria, ni impulsó posteriormente, ha seguido en buenos cargos sin importarle un ápice el trato anulador de la identidad leonesa que practica el ente autonómico. Silván, nuestro gran edil en el momento, además de contemporizar con Puente, para peor, e ir a Madrid a «manifestar su presencia con la bandera de bufanda» y la obediencia partidista a tope; mudo a juzgar por su actuaciones, e inhibición, de «la cuestión leonesa» ¡pasa!… ampliamente.

 


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