Segunda Ola

Segunda Ola

Es necesario echar la vista atrás y hacer un recorrido desde el mes de marzo de este fatídico 2020 para repasar las numerosas incógnitas que se plantean en el transcurso de la pandemia

LUIS MARIANO SANTOS REYERO – tribuna de opinión – Leonoticias

Decía el otro día la Consejera de Sanidad, que no le gustaba decir «segunda ola», que no le parecía apropiado utilizar ese término para determinar el momento terrible que estamos viviendo con casi 20.000 contagios diarios en el país. Mas allá de si se acuña éste u otro término, parece inevitable volver a incidir en una serie de cuestiones que dificultan entender por qué los resultados son tan dañinos en esta comunidad autónoma.

Y estoy hablando de unos datos que merecen una reflexión aparte. Es necesario echar la vista atrás y hacer un recorrido desde el mes de marzo de este fatídico 2020 para repasar las numerosas incógnitas que se plantean en el transcurso de la pandemia de la COVID-19 en Castilla y en la Región Leonesa. No resulta razonable que siendo ésta una de las comunidades autónomas con decisiones más restrictivas, la que, junto a Madrid y Cataluña hizo una desescalada más lenta, la que ha impuesto los horarios más duros en el ya «antiguo» toque de queda, tenga uno de los peores resultados en incidencia, hospitalización, UCIs o letalidad.

El hecho de ser pionero en la mayoría de las medidas restrictivas y ser el más duro en su aplicación es evidente que no lleva acarreado, en este caso, unos buenos resultados en la lucha contra una enfermedad en la que nadie, repito, nadie, puede argumentar una historia de éxito. Por ello a mí me gustaría en esta reflexión huir de posicionamientos políticos y abandonar el tactismo ideológico que asola otras comunidades autónomas, y me gustaría poner el acento en las cuestiones técnicas que puede aportar una explicación a los malos resultados y a los malos datos.

Una explicación pudiera ser el debilitamiento de nuestro sistema de atención primaria, una explicación puede ser la falta del numero necesario de profesionales sanitarios, debido en su mayoría al abandono o la emigración de los mismos hacia lugares con más reconocimiento laboral y profesional, una explicación puede ser que nuestros profesionales de rastreo, cuando aún no existía esa trasmisión comunitaria, ejercían su función a tiempo parcial, es decir, compartiendo sus funciones con otras de tipo financiero, una explicación pudiera ser que nuestras residencias de ancianos no estén medicalizadas, una explicación quizás es que no existe una unidad de acción en todo el país, quizás sea un déficit de infraestructuras sanitarias( camas Uci) o quizá sea un cúmulo de todas ellas. La verdad es que cada uno tendremos una opinión, lo que si es evidente es que los resultados lejos de ser buenos son pésimos.

En estos momentos sólo queda volver a reinventarnos, ayudar a los que peor lo están pasando, aprender de los errores e intentar controlar a aquellos que fruto de su impotencia corren el riesgo de radicalizarse ante los tiempos duros que nos toca vivir. Eso sí, aprendiendo y evaluando para no volver a caer en los mismos déficits que nos han llevado a una situación tan débil frente a la pandemia. Porque es verdad que nadie está preparado para una situación como la que estamos viviendo, pero la forma en la que se gestiona una crisis determina la categoría de la buena o la mala política.



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